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Posts Tagged ‘sonrisa’

Días

agosto 27, 2014 Deja un comentario

Hay días y días. Días en los que el sol brilla temprano por la mañana y el café es solo un complemento para iniciar, con energía suficiente, a resolver los problemas del mundo y a escribir diez páginas del reporte de investigación. Días en los que la perspectiva de una aventura o una nueva lectura desenredan las telarañas entretejidas durante el sueño y despejan los temores para recibir con la mente abierta el nuevo día. Y hay días como hoy, en los que el sol se esconde tras las nubes, en los que compruebo que mi invisibilidad no se limita a mi presencia sino también a mis palabras, en los que el caos que soy se entrelazan con mis sueños tristes, donde el chico de la sonrisa misteriosa sonreía a alguien más. ¿Cómo se supone que deambule por los grises pasillos y subterráneos de este lugar cuando ni siquiera sé si he despertado o no? El café de hoy me sugirió duplicar la dosis, pero el mismo aroma desata mi nostalgia. Por otros días y por otras personas, que se han ido y no volverán. Que han dejando un vacío gigantesco como el mar y que se cuelan en mis desvelos evadiendo hábilmente mi atrapa-sueños. Días en que las palabras tienen un doble significado y mi subconsciente elige uno que se entierra en mi soledad. Días en que las personas parecen otras y me descubro pensando que tienen intenciones ocultas. O tal vez sea yo, la de mis sueños, y hemos intercambiado realidades, por lo que en realidad no conozco a estas personas, y no adivino lo que esconden o no sus palabras. Días en que solo anhelo sentarme en medio de la nada y del todo, con las piernas cruzadas, la espalda derecha y los ojos cerrados, pera sentir el viento entre los árboles, para escuchar los murmullos de las aves, para adivinar las sombras del pensamiento. Para llenarme de ilusiones de que hoy no es un día como hoy. Que mañana llegará más rápido que de costumbre.

Acomodando

julio 4, 2014 Deja un comentario

Voy acomodando sentimientos. Todo aquello que alguna vez sentí, hacia los que hace tiempo dejé atrás, hacia los que robaron mi corazón y no se dieron por enterados, y hacia los que hoy me miran con ojos profundos y sonríen cuando me hacen sonreír. No me tomo las cosas a la ligera. Escondo todo tras una muralla tan alta como yo, pero me olvido que mi altura es minúscula, y la gente puede atisbar fácilmente sobre ella, a pesar de que la construí ladrillo a ladrillo, paciente y cuidadosamente. Y yo pretendo no darme cuenta. Pretendo que las miradas y las sonrisas no son especiales y no son para mí, porque es más fácil reponerse cuando cambian de objetivo. Si me las creyera todas, iría dejando el corazón y la piel cada semana. Al menos así dejo ambos solo una vez al año – o dos. Debiera doler menos, el derrumbe de sentimientos acumulados, pero aún no estoy segura. Aún duelen las mariposas cuando desgarran interiores para abandonar la piel que las ha encerrado y alentado por un rato, o por más tiempo.

Pero hoy voy acomodando. Uno sobre otro, no para cubrir sino para complementar, para formar una sólida base – que no permita derrumbes catastróficos. Todos los dolores, todas las alegrías, todos los momentos inesperados. Las nostalgias también. Los enojos, las decepciones. Cuando mis sentimientos y yo lleguemos a un acuerdo sano y nos dejemos llevar de nuevo, estaré preparada, seré más sabia, sabré sentir de verdad. Mientras tanto, acomodo. Sano heridas, seco lágrimas y sonrío honestamente a quien intenta desesperadamente hacerme sonreír. Construyo sobre palabras, sobre acciones, sobre miradas, y también sobre ilusiones. No quiero dejar de soñar, de desear, de disfrutar. De sentir mariposas, de tomarte la mano, de reconocerte a besos. Quiero sentir, mirar, sonreír intensamente. Y cuando llegue el momento de llorar, si es que llega, quiero sentir que valió la pena y que lo haría igual todo de nuevo.

Un día cualquiera

julio 1, 2013 Deja un comentario

Hoy, un día cualquiera de abril, he tomado un par de decisiones importantes.

Hoy, un día cualquiera de julio, me he dado cuenta que son en verdad decisiones importantes.

Primera.

No debo conservar todo aquello que me trae recuerdos. No quiero terminar como la señora que me rentaba el cuarto hasta hace unos cuantos días, pendiente del uso y desuso de cada envase, envoltura y recipiente que entra a su casa, sea propia, ajena, de cartón o de plástico reusable. Queriendo conservar intacto el teflón de la sartén tanto como las fotografías de la pared, llenas de recuerdos lejanos y vidas pasadas.

He decidido vivir la vida recordando lo que se deje recordar y olvidando aquello que por algún motivo mis neuronas decidieron dejar ir. Haré una hoguera en mi imaginación, y quemaré los folletos de museos, las entradas de cine, los mapas del tren – bueno, tal vez no los mapas, las notas con mensajes ajenos dirigidos a personalidades académicas.

No necesito un mapa para recordar las aventuras de viajar sin boleto, porque recuerdo bien la angustia y las risas que llegaron a carcajadas cuando por fin huimos del tren en la siguiente parada. No necesito las entradas para recordar aquella película que no entendí, porque recuerdo bien que me vi reflejada y que decidí compartirla con mi mejor amiga. No necesito un folleto para recordar la sonrisa de la Mona Lisa, a pesar que las fotos se perdieron en la pila de rollos sin revelar – sí, fue durante la época de rollos y no de cámaras digitales y teléfonos celulares. No necesito un pedazo de papel para recordar a ese chico de la sonrisa misteriosa que alguna vez amé, porque recuerdo cada palabra escrita, pronunciada y entrecortada por los besos robados. Porque se entretejen los recuerdos, los sueños y los deseos con tanta facilidad que me asombra que no se sienta agotado de vivir tantas vidas conmigo.

Haré una hoguera y me desharé de todo aquello que quiero recordar. Y recordaré, así, al azar, de improvisto, sin guión ni objetivo.

Segunda.

Debo aprender a dejar ir. Temores, malas experiencias, amores no correspondidos. Todos estos pensamientos que revolotean sobre mí y que no dejan pasar la luz del sol y el brillo de las estrellas. Que no dejan llover ni agua ni café. Que se enredan en mis largos cabellos y ocultan a ratos lo que tengo justo enfrente.

Dejar ir los miedos y atreverse a dar el primer paso, y el segundo y el tercero. Porque tal vez no estés tú para darme la mano y continuar el camino pero no por eso dejaré de poner un pie frente al otro haciendo mi propio camino. Si nuestros caminos se cruzan más adelante, procuraré estar pendiente para sonreirte y decirte que la vida es buena. Porque de verdad lo es. Dejar ir los momentos difíciles y retener solo las enseñanzas, acumular resentimientos y pasarse la vida urdiendo venganzas es morir lentamente. Es acabarse una misma, sin propósito ni razón. Porque toda experiencia está en el pasado y aferrarse no me llevará a ningún lugar en el futuro, y no me deja vivir a gusto el presente. Dejar ir a esa persona que quiero tanto porque he cambiado las sonrisas de cada mañana por lágrimas saladas cada madrugada. Porque quiero las sonrisas de vuelta. Las palabras de vuelta, el misterio de vuelta. Porque si no dejo ir todo esto que siento, no seré libre para amarle si me da la gana, o para olvidar su nombre pasado mañana. Porque el instinto de conservación y yo no nos llevamos bien, y solo me hago daño.

Dejar ir, soltar amarras, decidir ser feliz.

Hoy, una madrugada cualquiera en una ciudad cualquiera, decido seguir en esta aventura, recordando sin ataduras y dejando ir lo que me retiene, para avanzar a mi propio ritmo, para hacer camino al andar.

Entre el sueño y la realidad

diciembre 5, 2012 Deja un comentario

Sabes bien que yo sueño. Hay montones de gente con montones de habilidades, cantar, bailar, amar, rezar. Lo mío es soñar. Noche tras noche construyo un mundo alterno, que no comparto más que de vez en vez a través de palabras que no reflejan la totalidad de lo que sucede más allá de mí misma.

Sabes bien que sueño contigo la mayor parte del tiempo. A veces luces como hoy. Alegre, cautivante, con esa sonrisa misteriosa que quisiera decifrar. A veces no eres tú. Es una idea de tí en otras personas, en otros lugares, con otras sonrisas igual de misteriosas. Creo que así es como te reconozco. !Y eso que apenas te conozco!

Sabes bien que yo sueño. A pesar de tener los pies firmes sobre la tierra cada día de mi vida, siguiendo coherente mis pasos hacia la dirección escogida, mi mente tiene vida propia. Imagino, divago, sueño. Por caminos sin trazar, por horizontes sin descubrir. Es como si hubiera otra persona viviendo en mí, para mí, volando libre fuera de esta vida. Construyendo una vida mejor más allá de la realidad.

Sabes que sueño contigo la mayor parte del tiempo. Cuando la gente desea, a veces sin pensar, que tenga dulces sueños, creo que se refieren a sueños como el que tuve anoche. Sin complicaciones, sin enredos, sin malentendidos. Solos tú y yo con un montón de palabras y sonrisas. Yo sueño, tú sonríes. No hay más.

La realidad no es así hoy. Hoy todo se complica, se enreda, se malentiende. Hoy no estamos solos, la gente alrededor nos hace girar sobre nosotros mismos, sin encontrarnos nunca frente a frente. Hoy no hay palabras trascendentales, no hay palabras elementales.

A lo lejos, yo imagino, divago, sueño despierta. A lo lejos, tú sonríes con esa sonrisa misteriosa que quisiera descifrar.

Carnaval es… aún más

febrero 21, 2012 Deja un comentario

Take a bite of my heart tonight…

julio 27, 2011 Deja un comentario

No creo en las casualidades.

Hoy vi tu foto después de años de no saber de tí. Sonreías, tus ojos brillaban. La sonrisa fue de la foto a mi rostro. ¡Cuánto extrañaba verte feliz! Mientras los recuerdos se agolpaban en mi mente traviesa, seguí caminando en esta ciudad que he empezado a llamar mi hogar. ¿Qué es lo que debes recordar de una persona que alguna vez robó tu corazón? ¿Los detalles, los momentos lindos… la despedida? De tí recuerdo mil cosas. Pero una imagen explota en mi cabeza mientras cruzo las calles de asfalto negro bajo un frío inclemente. La playa. Arena bajo los pies descalzos, un mar rítmico, una luna misteriosa. Ruido, mucho ruido. Una fiesta en la playa como no hubo nunca más. Al menos no en mi vida.

Una canción flotaba entre la bruma del mar, a todo volumen, el mar era silenciado por todas las voces que cantaban al unísono. Yo brincaba, cantaba, me volvía loca. La luna plateada, un fuego dorado. Tu sonreías mientras yo giraba sintiendo todo, la música, la arena, el mar… Había decenas de personas pero no había nadie más, sólo tú y yo.

Tal vez escuché esa canción a lo lejos, tal vez sólo la imaginé, tal vez sólo me engañé. I want some more. Como en las películas, di media vuelta y fui hacia la estación de trenes. A la playa. Como en las películas. What are you waiting for.

La playa no es la misma… nunca es la misma. No hay más que la nuestra, pero aún así, le llamamos playa también. Sentada frente a la inmensidad del mar, perdida entre su ritmo, hundí las manos en aquella arena que no es la nuestra. Podría haber llorado, pero en cambio, sonreí. Y fui loca de nuevo. Me puse de pie y empecé a girar, aquella canción saliendo de mis labios, no es que cantara, es que cobraba vida de mis labios.

¿Cuáles eran las posibilidades?

Ninguna.

Nadie dijo mi nombre. Nadie estaba ahí cuando abrí los ojos. Esta no es una película, esta no es mi banda sonora.

Como dije antes, no creo en las casualidades.

Así que tomé el teléfono… tras un par de segundos oí tu voz. Estoy en nuestra playa, te dije.

Yo miro nuestro mar, me contestaste.

Hasta pronto

febrero 25, 2010 Deja un comentario

Una a una observé caer las hojas de los árboles. Uno a uno se fueron acumulando los copos de nieve en mi ventana.

Paso las páginas de un libro. Recuerdo donde estaba cuando leía, cuando escribía, cuando imaginaba. No quiero despedirme pero la vida me obliga a decir adiós. Una a una a las personas que han influenciado mi vida, que han acompañado mis pasos.

¿De qué sirven las palabras cuando se dicen a la nada?

Un cuaderno vacío espera por mí. Una página en blanco grita desesperada mi nombre. Y yo me resisto. No me gustan las despedidas. No quiero dar vuelta a la página.

El sol ha salido. Noche en vela intentando resumir en una frase, en un poema todo lo que he vivido contigo. No puedo. Aún no te siento ausente. Aún no te he dicho adiós.

Pero las palabras han de fluir. Una a una las hojas del árbol asomarán de vuelta aunque no esté aquí para observarlas. Uno a uno seguiré mis pasos hacia un nuevo horizonte, un nuevo destino. De tierra caliente, donde me sentiré en casa. No me despediré entonces, no diré adiós.

Nos volveremos a encontrar, antes de la siguiente nevada, antes que el cuaderno desborde palabras.

Hasta pronto a los amigos, a los lugares, a los recuerdos.

Sé que estarán ahí cuando mis dedos se encuentren inquietos por contarme las historias que hemos vivido. Cuando mis labios decidan hablar este idioma extraño. Cuando las imágenes me lleven de vuelta a memorias congeladas en el tiempo. No prometo mantener la verdad. Mi mente me dicta palabras que muchas veces no tienen orden y sentido y se mezclan con alguna realidad o con muchas de ellas. Y el resultado es algo como esto. Prometo por el contrario, sonreír cuando los tenga de vuelta… y permitirme una lágrima de añoranza en lo que el tiempo es tiempo.

Hasta pronto entonces y buena suerte.

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