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Posts Tagged ‘sentimientos’

Realidad(es)

diciembre 15, 2015 Deja un comentario

Hace tiempo que no escribo. Hace tiempo que las palabras no luchan por salir de mi sistema. Que la imaginación no se desborda tan desesperada como ahora. Mil vidas he vivido esta semana. Todas contigo. Es curioso, alguna vez leí que las vidas felices y completas no crean historias. No hay nada que desahogar en palabras cuando se tiene un final feliz. Siempre he tendido a darle la razón a esta línea de pensamiento. Y no es que mi vida haya sido particularmente feliz hasta ahora, en este tiempo que las palabras me han eludido. No. Simplemente que mi última decepción no lo fue tanto, al menos no fue suficiente para impulsarme a plantear este cúmulo de sentimientos que se han quedado sin corresponder al vacío donde van a parar todas mis palabras importantes.

¿Qué es diferente ahora? Probablemente seas tú. Muy seguramente sólo soy yo. Quien siente, quien vive, quien desespera. Porque por una vez me dejé llevar, por la música, por las palabras, por la noche. No pensé. Bueno, ahí intento engañarme a mí misma. Claro que pensé. Siempre estoy pensando, imaginando, historias reales, vidas con finales felices. Así que sí, pensé, pero igual me dejé llevar. Por la posibilidad. De algo. Y nada. Al final no tuve mi final feliz, en realidad, no tuve ningún final. Una imagen, unas palabras. Y huí. Para no enfrentar, para no gritar. Porque mi imaginación siempre va tres vidas adelante de mí. He vivido tanto que a veces sólo quiero cerrar los ojos y borrar la memoria. Porque todo, todo lo que alguna vez he imaginado en esta mente mía que tantos problemas me da, todo eso se queda conmigo. Así que tengo dos o tres versiones de cada instante, de cada suceso, de cada persona. Lo que imaginé, una, dos, tres veces. Y lo que en realidad pasó. O nunca pasó.

Estoy al borde. Estoy cansada. Necesito gritarle al universo que por una vez deje que mi imaginación y mi realidad coincidan. O que no me deje pensar en las posibilidades. Que lo que tenga que pasar pase, y que yo no me imagine nunca lo que hubiese podido pasar. Quizás así descanse. Quizás así tenga paz mental. Quizás así pueda olvidarte. A tí y a la idea que tengo de tí, muy en el fondo de mí.

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Acomodando

julio 4, 2014 Deja un comentario

Voy acomodando sentimientos. Todo aquello que alguna vez sentí, hacia los que hace tiempo dejé atrás, hacia los que robaron mi corazón y no se dieron por enterados, y hacia los que hoy me miran con ojos profundos y sonríen cuando me hacen sonreír. No me tomo las cosas a la ligera. Escondo todo tras una muralla tan alta como yo, pero me olvido que mi altura es minúscula, y la gente puede atisbar fácilmente sobre ella, a pesar de que la construí ladrillo a ladrillo, paciente y cuidadosamente. Y yo pretendo no darme cuenta. Pretendo que las miradas y las sonrisas no son especiales y no son para mí, porque es más fácil reponerse cuando cambian de objetivo. Si me las creyera todas, iría dejando el corazón y la piel cada semana. Al menos así dejo ambos solo una vez al año – o dos. Debiera doler menos, el derrumbe de sentimientos acumulados, pero aún no estoy segura. Aún duelen las mariposas cuando desgarran interiores para abandonar la piel que las ha encerrado y alentado por un rato, o por más tiempo.

Pero hoy voy acomodando. Uno sobre otro, no para cubrir sino para complementar, para formar una sólida base – que no permita derrumbes catastróficos. Todos los dolores, todas las alegrías, todos los momentos inesperados. Las nostalgias también. Los enojos, las decepciones. Cuando mis sentimientos y yo lleguemos a un acuerdo sano y nos dejemos llevar de nuevo, estaré preparada, seré más sabia, sabré sentir de verdad. Mientras tanto, acomodo. Sano heridas, seco lágrimas y sonrío honestamente a quien intenta desesperadamente hacerme sonreír. Construyo sobre palabras, sobre acciones, sobre miradas, y también sobre ilusiones. No quiero dejar de soñar, de desear, de disfrutar. De sentir mariposas, de tomarte la mano, de reconocerte a besos. Quiero sentir, mirar, sonreír intensamente. Y cuando llegue el momento de llorar, si es que llega, quiero sentir que valió la pena y que lo haría igual todo de nuevo.

Desvanecerse

septiembre 19, 2013 Deja un comentario

No sé bien qué es lo que se desvanece, si es acaso tu recuerdo o si es el montón de cosas que aún siento por tí. Llevo un mes sin saber de tí. El dolor persiste pero se hace ligero. La sonrisa vuelve al rememorar tus tontas palabras, y las sabias también. ¿Cómo te hiciste sabio tan pronto? Lo que pasa por tu cabeza me parecía fascinante, tal vez me siguiera pareciendo fascinante pero últimamente no tengo idea qué es lo que habita tu mente. Lo que entretiene tus tardes, lo que distrae alguna ausencia. Confirmé la semana pasada que mi historia contigo fue diferente a mi cotidianidad. No diré que fue especial y diferente porque estaría repitiendo lo que dicen todas las personas cuando se enamoran. No, no fue diferente, fue igual a todas las veces en las que él se enamora por primera vez y ella se enamora para siempre (aunque el amor haya estado fuera de tu vida y fuera de mis planes). Tampoco fue especial. Fue un proceso, fue la suma de momentos, fue nada en realidad. Y de alguna forma la idea de tí sigue aferrada a mis neuronas, a cada fibra de mi ser, a mis suspiros cada madrugada.

Fue entonces una historia cualquiera entre dos personas cualquieras. De las cuales una tiene una imaginación incontrolable y una tendencia al drama. Que intenta a la vez pasar desapercibida y que la gente note cuando ella no está. Que es un mar de contradicciones, llena de palabras y planes de no morir nunca. Que le fascinan los colores extravagantes pero se aferra al gris, al blanco y al negro. Que quisiera tatuarse el alma y dejarse llevar por el viento. Tan única como millones de seres errantes que van por un mundo que no comprenden bien y que deambulan por las tramas urbanas queriendo desterrarse a Marte con un boleto sin retorno, donde puedan anhelar la vida terrestre sin remordimientos ni culpas. ¿Quién eres tú ahora? ¿Eres el mismo que decidió dejarse llevar una noche? ¿Eres la persona que fuiste todos los días durante los últimos seis meses? Cualquiera que seas ahora quisiera decirte que lo siento. Siento mucho ser quién soy durante la mayor parte de los días de mi vida y siento mucho ser la persona que soy en ciertas ocasiones, cuando decido seguir la piel y el corazón en lugar de las neuronas. Lo siento porque no fue suficiente, porque fue un caos, porque me dejé llevar y me dejé llevar sin tí. Lo sentí y lo siento aún, fuertemente, profundamente. Y no entiendo cómo no te dejaste llevar también. Tal vez tus neuronas están más pendientes. Tal vez tienes mejor autocontrol. Tal vez sabías que no era buena idea. Como fuera. La verdad es que lo siento. La verdad es que te recuerdo y el corazón me late a mil por hora. La verdad es que cerrar los ojos y recordarte es mi momento favorito del día.

Pero se desvanece. Todo se desvanece. Quizás pronto podré recordarte sin sentir que se me va el aire. Quizá pronto podré enfocar mi locura en algo más productivo. Mis palabras en otras direcciones, mis pasos hacia otros amaneceres. Quizá también yo desvanezca y deje de anhelar la vida en Marte.

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