Archivo

Posts Tagged ‘recuerdos’

Skye

junio 13, 2016 Deja un comentario

Realidad(es)

diciembre 15, 2015 Deja un comentario

Hace tiempo que no escribo. Hace tiempo que las palabras no luchan por salir de mi sistema. Que la imaginación no se desborda tan desesperada como ahora. Mil vidas he vivido esta semana. Todas contigo. Es curioso, alguna vez leí que las vidas felices y completas no crean historias. No hay nada que desahogar en palabras cuando se tiene un final feliz. Siempre he tendido a darle la razón a esta línea de pensamiento. Y no es que mi vida haya sido particularmente feliz hasta ahora, en este tiempo que las palabras me han eludido. No. Simplemente que mi última decepción no lo fue tanto, al menos no fue suficiente para impulsarme a plantear este cúmulo de sentimientos que se han quedado sin corresponder al vacío donde van a parar todas mis palabras importantes.

¿Qué es diferente ahora? Probablemente seas tú. Muy seguramente sólo soy yo. Quien siente, quien vive, quien desespera. Porque por una vez me dejé llevar, por la música, por las palabras, por la noche. No pensé. Bueno, ahí intento engañarme a mí misma. Claro que pensé. Siempre estoy pensando, imaginando, historias reales, vidas con finales felices. Así que sí, pensé, pero igual me dejé llevar. Por la posibilidad. De algo. Y nada. Al final no tuve mi final feliz, en realidad, no tuve ningún final. Una imagen, unas palabras. Y huí. Para no enfrentar, para no gritar. Porque mi imaginación siempre va tres vidas adelante de mí. He vivido tanto que a veces sólo quiero cerrar los ojos y borrar la memoria. Porque todo, todo lo que alguna vez he imaginado en esta mente mía que tantos problemas me da, todo eso se queda conmigo. Así que tengo dos o tres versiones de cada instante, de cada suceso, de cada persona. Lo que imaginé, una, dos, tres veces. Y lo que en realidad pasó. O nunca pasó.

Estoy al borde. Estoy cansada. Necesito gritarle al universo que por una vez deje que mi imaginación y mi realidad coincidan. O que no me deje pensar en las posibilidades. Que lo que tenga que pasar pase, y que yo no me imagine nunca lo que hubiese podido pasar. Quizás así descanse. Quizás así tenga paz mental. Quizás así pueda olvidarte. A tí y a la idea que tengo de tí, muy en el fondo de mí.

Road trip

febrero 10, 2015 Deja un comentario

Un día cualquiera

julio 1, 2013 Deja un comentario

Hoy, un día cualquiera de abril, he tomado un par de decisiones importantes.

Hoy, un día cualquiera de julio, me he dado cuenta que son en verdad decisiones importantes.

Primera.

No debo conservar todo aquello que me trae recuerdos. No quiero terminar como la señora que me rentaba el cuarto hasta hace unos cuantos días, pendiente del uso y desuso de cada envase, envoltura y recipiente que entra a su casa, sea propia, ajena, de cartón o de plástico reusable. Queriendo conservar intacto el teflón de la sartén tanto como las fotografías de la pared, llenas de recuerdos lejanos y vidas pasadas.

He decidido vivir la vida recordando lo que se deje recordar y olvidando aquello que por algún motivo mis neuronas decidieron dejar ir. Haré una hoguera en mi imaginación, y quemaré los folletos de museos, las entradas de cine, los mapas del tren – bueno, tal vez no los mapas, las notas con mensajes ajenos dirigidos a personalidades académicas.

No necesito un mapa para recordar las aventuras de viajar sin boleto, porque recuerdo bien la angustia y las risas que llegaron a carcajadas cuando por fin huimos del tren en la siguiente parada. No necesito las entradas para recordar aquella película que no entendí, porque recuerdo bien que me vi reflejada y que decidí compartirla con mi mejor amiga. No necesito un folleto para recordar la sonrisa de la Mona Lisa, a pesar que las fotos se perdieron en la pila de rollos sin revelar – sí, fue durante la época de rollos y no de cámaras digitales y teléfonos celulares. No necesito un pedazo de papel para recordar a ese chico de la sonrisa misteriosa que alguna vez amé, porque recuerdo cada palabra escrita, pronunciada y entrecortada por los besos robados. Porque se entretejen los recuerdos, los sueños y los deseos con tanta facilidad que me asombra que no se sienta agotado de vivir tantas vidas conmigo.

Haré una hoguera y me desharé de todo aquello que quiero recordar. Y recordaré, así, al azar, de improvisto, sin guión ni objetivo.

Segunda.

Debo aprender a dejar ir. Temores, malas experiencias, amores no correspondidos. Todos estos pensamientos que revolotean sobre mí y que no dejan pasar la luz del sol y el brillo de las estrellas. Que no dejan llover ni agua ni café. Que se enredan en mis largos cabellos y ocultan a ratos lo que tengo justo enfrente.

Dejar ir los miedos y atreverse a dar el primer paso, y el segundo y el tercero. Porque tal vez no estés tú para darme la mano y continuar el camino pero no por eso dejaré de poner un pie frente al otro haciendo mi propio camino. Si nuestros caminos se cruzan más adelante, procuraré estar pendiente para sonreirte y decirte que la vida es buena. Porque de verdad lo es. Dejar ir los momentos difíciles y retener solo las enseñanzas, acumular resentimientos y pasarse la vida urdiendo venganzas es morir lentamente. Es acabarse una misma, sin propósito ni razón. Porque toda experiencia está en el pasado y aferrarse no me llevará a ningún lugar en el futuro, y no me deja vivir a gusto el presente. Dejar ir a esa persona que quiero tanto porque he cambiado las sonrisas de cada mañana por lágrimas saladas cada madrugada. Porque quiero las sonrisas de vuelta. Las palabras de vuelta, el misterio de vuelta. Porque si no dejo ir todo esto que siento, no seré libre para amarle si me da la gana, o para olvidar su nombre pasado mañana. Porque el instinto de conservación y yo no nos llevamos bien, y solo me hago daño.

Dejar ir, soltar amarras, decidir ser feliz.

Hoy, una madrugada cualquiera en una ciudad cualquiera, decido seguir en esta aventura, recordando sin ataduras y dejando ir lo que me retiene, para avanzar a mi propio ritmo, para hacer camino al andar.

De aquí y de allá

mayo 20, 2013 Deja un comentario

Detallando Din Eidyn

abril 28, 2013 Deja un comentario

Luciérnaga

abril 23, 2013 Deja un comentario

Mi momento favorito del día llegaba cuando el sol se ocultaba tras el horizonte. Atardecía, y el espectáculo de colores en el cielo parecía magia desde el rincón de aquel jardín, donde transcurrían las soledades de mi infancia. Más allá del jardín, el tiempo parecía detenerse. La hora de los dragones. Penumbra. Los dragones bajaban del cielo de colores y se refugiaban en mi jardín. Se transformaban en pequeños seres alados y su fuego se convertía en luz. Montones de pequeñas luces empezaban a brillar a mi alrededor, como si montones de seres misteriosos parpadearan desde los profundos secretos de mi jardín. Los colores se desvanecían en el cielo, se habían ido ya de la tierra. Oscuridad. Cierro los ojos y recuerdo, puntos de luz.

Hubiese querido quedarme muy quieta y que los pequeños dragones de luz me cubrieran entera. Ser una con la oscuridad, difuminarme en los secretos de aquel jardín. Desaparecer tras el pestañeo de montones de seres misteriosos. Convertirme en luciérnaga y soñar con amar una estrella.

A %d blogueros les gusta esto: