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Posts Tagged ‘paz’

Skye

junio 13, 2016 Deja un comentario

Acantilados irlandeses

noviembre 12, 2014 Deja un comentario

De libertad y otros atardeceres

mayo 11, 2014 3 comentarios

Un día cualquiera

julio 1, 2013 Deja un comentario

Hoy, un día cualquiera de abril, he tomado un par de decisiones importantes.

Hoy, un día cualquiera de julio, me he dado cuenta que son en verdad decisiones importantes.

Primera.

No debo conservar todo aquello que me trae recuerdos. No quiero terminar como la señora que me rentaba el cuarto hasta hace unos cuantos días, pendiente del uso y desuso de cada envase, envoltura y recipiente que entra a su casa, sea propia, ajena, de cartón o de plástico reusable. Queriendo conservar intacto el teflón de la sartén tanto como las fotografías de la pared, llenas de recuerdos lejanos y vidas pasadas.

He decidido vivir la vida recordando lo que se deje recordar y olvidando aquello que por algún motivo mis neuronas decidieron dejar ir. Haré una hoguera en mi imaginación, y quemaré los folletos de museos, las entradas de cine, los mapas del tren – bueno, tal vez no los mapas, las notas con mensajes ajenos dirigidos a personalidades académicas.

No necesito un mapa para recordar las aventuras de viajar sin boleto, porque recuerdo bien la angustia y las risas que llegaron a carcajadas cuando por fin huimos del tren en la siguiente parada. No necesito las entradas para recordar aquella película que no entendí, porque recuerdo bien que me vi reflejada y que decidí compartirla con mi mejor amiga. No necesito un folleto para recordar la sonrisa de la Mona Lisa, a pesar que las fotos se perdieron en la pila de rollos sin revelar – sí, fue durante la época de rollos y no de cámaras digitales y teléfonos celulares. No necesito un pedazo de papel para recordar a ese chico de la sonrisa misteriosa que alguna vez amé, porque recuerdo cada palabra escrita, pronunciada y entrecortada por los besos robados. Porque se entretejen los recuerdos, los sueños y los deseos con tanta facilidad que me asombra que no se sienta agotado de vivir tantas vidas conmigo.

Haré una hoguera y me desharé de todo aquello que quiero recordar. Y recordaré, así, al azar, de improvisto, sin guión ni objetivo.

Segunda.

Debo aprender a dejar ir. Temores, malas experiencias, amores no correspondidos. Todos estos pensamientos que revolotean sobre mí y que no dejan pasar la luz del sol y el brillo de las estrellas. Que no dejan llover ni agua ni café. Que se enredan en mis largos cabellos y ocultan a ratos lo que tengo justo enfrente.

Dejar ir los miedos y atreverse a dar el primer paso, y el segundo y el tercero. Porque tal vez no estés tú para darme la mano y continuar el camino pero no por eso dejaré de poner un pie frente al otro haciendo mi propio camino. Si nuestros caminos se cruzan más adelante, procuraré estar pendiente para sonreirte y decirte que la vida es buena. Porque de verdad lo es. Dejar ir los momentos difíciles y retener solo las enseñanzas, acumular resentimientos y pasarse la vida urdiendo venganzas es morir lentamente. Es acabarse una misma, sin propósito ni razón. Porque toda experiencia está en el pasado y aferrarse no me llevará a ningún lugar en el futuro, y no me deja vivir a gusto el presente. Dejar ir a esa persona que quiero tanto porque he cambiado las sonrisas de cada mañana por lágrimas saladas cada madrugada. Porque quiero las sonrisas de vuelta. Las palabras de vuelta, el misterio de vuelta. Porque si no dejo ir todo esto que siento, no seré libre para amarle si me da la gana, o para olvidar su nombre pasado mañana. Porque el instinto de conservación y yo no nos llevamos bien, y solo me hago daño.

Dejar ir, soltar amarras, decidir ser feliz.

Hoy, una madrugada cualquiera en una ciudad cualquiera, decido seguir en esta aventura, recordando sin ataduras y dejando ir lo que me retiene, para avanzar a mi propio ritmo, para hacer camino al andar.

Dicen que es primavera…

marzo 27, 2013 2 comentarios

En retrospectiva

febrero 24, 2013 Deja un comentario

Dice el horóscopo del viernes:

“Es necesario decidir entre el amor lleno de compañía, y el amor cargado de sensualidad y pasión. El final de uno es amargo y el otro dulce, tú decides.”

No tengo que decidir. Yo sé bien qué es lo que quiero. Lo quiero todo. Quiero la buena compañía del amor, de la amistad, de las personas que aparecen como al azar en la vida y dejan huellas permanentes. La buena compañía que deja un buen vino (o tequila); la buena compañía que deja el lugar adecuado, la música adecuada. Cuando todo se junta y dejas de pensar para sentir. Para vivir. Quiero entonces sentir la pasión, como el producto inesperado de la mezcla de la buena compañía multiplicada por todo lo demás. Recorrer nuevos caminos y sentir que el momento es perfecto para descubrirlos. Que los astros se han alineado y he atisbado la perfección de la suma de momentos. Que muero un poco y renazco más viva que nunca.

¡Qué bueno que no me da por leer horóscopos nunca!

Quizá hubiese estado preparada para decidir, uno u otro. Tal vez hubiese pensado que era necesario decidir. ¡Todo lo que hubiese dejado de vivir!

Me alegra, sin embargo, haber leído sus predicciones unos días después. Para reafirmar que sé lo que quiero en esta vida (aunque a veces el lado izquierdo cerebral se imponga): ¡quiero vivirla! Y si el horóscopo (o la situación) me cuestiona sobre decisiones entre la buena compañía y la pasión, la respuesta es clara: lo quiero todo.

Y qué mejor si viene con una buena colección de libros.

Y mientras, atardece

agosto 22, 2012 2 comentarios
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