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De Campeche

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Desvanecerse

septiembre 19, 2013 Deja un comentario

No sé bien qué es lo que se desvanece, si es acaso tu recuerdo o si es el montón de cosas que aún siento por tí. Llevo un mes sin saber de tí. El dolor persiste pero se hace ligero. La sonrisa vuelve al rememorar tus tontas palabras, y las sabias también. ¿Cómo te hiciste sabio tan pronto? Lo que pasa por tu cabeza me parecía fascinante, tal vez me siguiera pareciendo fascinante pero últimamente no tengo idea qué es lo que habita tu mente. Lo que entretiene tus tardes, lo que distrae alguna ausencia. Confirmé la semana pasada que mi historia contigo fue diferente a mi cotidianidad. No diré que fue especial y diferente porque estaría repitiendo lo que dicen todas las personas cuando se enamoran. No, no fue diferente, fue igual a todas las veces en las que él se enamora por primera vez y ella se enamora para siempre (aunque el amor haya estado fuera de tu vida y fuera de mis planes). Tampoco fue especial. Fue un proceso, fue la suma de momentos, fue nada en realidad. Y de alguna forma la idea de tí sigue aferrada a mis neuronas, a cada fibra de mi ser, a mis suspiros cada madrugada.

Fue entonces una historia cualquiera entre dos personas cualquieras. De las cuales una tiene una imaginación incontrolable y una tendencia al drama. Que intenta a la vez pasar desapercibida y que la gente note cuando ella no está. Que es un mar de contradicciones, llena de palabras y planes de no morir nunca. Que le fascinan los colores extravagantes pero se aferra al gris, al blanco y al negro. Que quisiera tatuarse el alma y dejarse llevar por el viento. Tan única como millones de seres errantes que van por un mundo que no comprenden bien y que deambulan por las tramas urbanas queriendo desterrarse a Marte con un boleto sin retorno, donde puedan anhelar la vida terrestre sin remordimientos ni culpas. ¿Quién eres tú ahora? ¿Eres el mismo que decidió dejarse llevar una noche? ¿Eres la persona que fuiste todos los días durante los últimos seis meses? Cualquiera que seas ahora quisiera decirte que lo siento. Siento mucho ser quién soy durante la mayor parte de los días de mi vida y siento mucho ser la persona que soy en ciertas ocasiones, cuando decido seguir la piel y el corazón en lugar de las neuronas. Lo siento porque no fue suficiente, porque fue un caos, porque me dejé llevar y me dejé llevar sin tí. Lo sentí y lo siento aún, fuertemente, profundamente. Y no entiendo cómo no te dejaste llevar también. Tal vez tus neuronas están más pendientes. Tal vez tienes mejor autocontrol. Tal vez sabías que no era buena idea. Como fuera. La verdad es que lo siento. La verdad es que te recuerdo y el corazón me late a mil por hora. La verdad es que cerrar los ojos y recordarte es mi momento favorito del día.

Pero se desvanece. Todo se desvanece. Quizás pronto podré recordarte sin sentir que se me va el aire. Quizá pronto podré enfocar mi locura en algo más productivo. Mis palabras en otras direcciones, mis pasos hacia otros amaneceres. Quizá también yo desvanezca y deje de anhelar la vida en Marte.

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