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Posts Tagged ‘alma’

Dentro, caos

agosto 12, 2013 2 comentarios

Llevo días intentando escribir unas palabras. Que me ayuden a desahogar todo el caos que llevo dentro pero que no revelen demasiado por si las personas implicadas deciden leerlas. Traducirlas. Por si deciden darme una segunda oportunidad, y atisbar las profundidades sin sentido que llevo dentro. Del alma y del corazón.

¿Cuándo sabré si te he perdido o no? ¿después de un mes de no saber de tí? ¿o tal vez después de un año?

Una vez me dijiste que si quería encontrar a alguien, debía buscarlo, ¿y sabes? te busqué, porque no estaba lista para perderte. Porque aún no lo estoy. Una, dos, tres veces. ¿Cuántas veces más debo insistir en cruzar el océano para intercambiar unas palabras contigo? Una vez te dije que era capaz de hacerlo, de buscar a la persona que quiero. De ir por todo y de no arrepentirme de intentarlo. Pero también te dije que por una vez quería ser quien era buscada y no quien busca. ¿Lo has olvidado? Podría decirte que no lo haré más. Que dejaré de enviar palabras a la eternidad. Que dejaré de extrañarte, que esta ciudad tiene sentido sin tí. Y que nada ha cambiado desde que te fuiste. Pero te estaría mintiendo, y estaría intentando engañarme. Porque la verdad es que me haces falta. Te extraño tal como te dije que haría.

Me invento una historia para consolarme un poco… o para atormentarme, no estoy muy segura. No tan en el fondo, creo que ahora entiendo que cuando me preguntaste si creía hacer amistades duraderas en este lugar, en realidad querías decir que ese no era tu caso. Que esta ciudad y la gente en ella serían solo un recuerdo en tu vida, ni demasiado trascendental para tenerlos presentes, ni demasiado banal para olvidarlos. ¿Cuándo me dijiste que no era la única que pensaba de más las cosas, compartías que te pasaba lo mismo? ¿o solo lo decías para hacerme pensar aún más? ¡Exijo los montones de abrazos de vuelta! ¡Exijo tenerte enfrente para abrazarte! Para que me abraces, con un abrazo de verdad. La gente en este país no sabe lo que es un abrazo de verdad.

No me hagas mucho caso. Te advertí al principio que llevo un caos dentro. No funciono bien después de las despedidas. Y la tuya solo fue la primera. Quedan montones. Siento desde ahora que se me va el alma y no concibo que el mundo siga girando. Se va, se van, me deja, me dejan. Y tú sabes por qué es que sufro de antemano. Tú sabes. Debiste decirme desde el primer día, que no lo buscara, que no debía quererlo. Y ahora mira, tengo el corazón roto. Sin historia que contar, porque no quiso ser encontrado. Tú sabes, tú sabías. ¿Debo escribirte un par de líneas reclamando que tú sabías? Que no me dijiste. Que pensaste que era un juego. Tal vez fue un juego. Y si así fue, bueno, perdí. Perdimos.

Dime ahora, ¿te perdí a tí también?

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Pensando en dejar de pensar

noviembre 2, 2012 Deja un comentario

He pensado mucho estos días, sobre el pasado, sobre el presente, sobre las infinitas posibilidades del futuro. Sé que pienso demasiado, sobre todo, lo que pasó y lo que pudo pasar.  Y lo que no pasará jamás.

En estas fechas pienso en las tradiciones, en lo que dejé, temporalmente, atrás… en los que me dejaron permanentemente atrás hace mucho mucho tiempo. Pienso en mi abuela, la que conocí mejor, y mis ojos se llenan de lágrimas irremediablemente. ¿Qué hace el tiempo con los recuerdos, con los sentimientos? Sonrío entre las lágrimas, sé que ella preferiría verme reír a verme llorar, pero es que ella se fue cuando yo no estaba cerca y !aún me lo reprocho! Mi parte racional, la que domina, la que piensa demasiado sobre pensar demasiado, me dice que la distancia no hizo ninguna diferencia para ella, que ella me recordaba como una niña pequeña y no como la mujer que aún estoy en proceso de ser… pero mi parte no-racional, que se esconde la mayor parte del tiempo y surge cuando menos la espero, no acepta estas declaraciones y cree firmamente que mi lugar estaba con ella, con mi madre, con mi familia. Y me pregunto si ella me perdona ahora que es libre de las ataduras del olvido. Me pregunto si ahora ella me recuerda, si cuando mira mi rostro lo conecta con mi nombre. Dejo salir sentimientos profundos lejos de casa. Me permito recordar mientras compruebo que mis lágrimas saben a sal, incluso en esta ciudad de lluvia permanente. ¿Qué me ha llevado a escribir sobre algo tan cargado de sentimientos mientras pensaba en lo mucho que pienso? Mi abuela debe burlarse de mí un poco mientras sobre mi hombro me mira escribir. Escogí las letras sobre los números, aquellos que me hicieron llorar una vez cuando mi abuelo intentaba comprobar que sabía sumar y restar. Ahora río al recordar la escena, mi abuelo hablando al aire como lo hacía siempre, mi abuela contestando e intentando consolarme y demostrarme que en realidad no era tan difícil. Que la vida puede parecer extraña y complicada, pero si no vas y la vives, no podrás comprobar que lo extraño vive en tí desde el principio y que lo complicado es la suma de pequeños detalles y momentos que tienen un mejor sentido cuando se mezclan, se entrelazan y se funden.

La inspiración viene de los lugares menos pensados. Pensaba en mi manía de sobre-pensar las cosas. Acosaba nuevos y viejos amigos sobre cómo hacer para no pensar tanto sobre cosas que es mejor sólo sentir. Leía a Marx a través de cuestiones de propiedad de la tierra, leía palabras lanzadas a la inmensidad del espacio virtual sobre la presencia de seres queridos que se han marchado y leía sobre cómo los recordamos en mi tierra (que ahora intento mirar con otros ojos, mejores y más sabios). Y mi sabia abuela, a quien extraño tanto, vino a soplarme al oído un par de sabios consejos mientras mis ojos salados miraban caer una tarde diluída en lluvia.

Me tomaré un momento hoy para descubrir la belleza en lo complicado, en lugar de pasar horas pensando en los detalles e instantes que esta semana ha dejado en mí. Me tomaré un momento para sentirte intensamente, en cada poro de mi piel, en las mariposas que han vuelto a mí, en el dragón que vive escondido bajo mi piel. Me tomaré un momento para sonreír ante los recuerdos que voy tejiendo y que puedo plasmar ahora que las palabras han vuelto a mí.

Je rêve…

abril 30, 2012 4 comentarios

Me han robado las palabras. Las he compartido con un ser de niebla y ahora no las encuentro más. Día tras día, mes tras mes, intento en vano escribir un verso, contar una historia, plasmar un sueño… y no puedo. Las palabras me evaden, las oraciones no se hilvanan, los puntos suspensivos se expanden al infinito. ¡Exijo una devolución inmediata! O un hechizo de bruja antigua que traiga las palabras de vuelta a mis dedos. ¿Alguien ahí afuera podrá ayudarme?

Escribo ahora unas palabras en un idioma romance, latino, complejo. No es lo mismo. El ser de niebla se esconde tras la puerta, atisbando de vez en vez sobre mi hombro. Je rêve des mots… je les demande de sortir de sa cachette. Da igual ya. Recuerdo lo que sentía, esa conexión entre la mente inquieta y los dedos ágiles. No pensaba en realidad, sólo escribía. Todo. Violentamente y sin sentido. Ahora tengo que contarlas, una, dos palabras, artículo y sustantivo, luego un verbo… y el complemento, un objeto directo o uno indirecto. Tal vez deba volver a la escuela primaria. Articular de nuevo los pensamientos con las palabras. Un poco de gramática podría ser la solución. Si la bruja antigua no aparece con una mejor idea, claro.

Tal vez cambie a los números. Sumas y restas en lugar de prosas y versos. Debo ir a las montañas, aquellas que fotografié alguna vez. Donde la niebla se confundía con los sentidos, donde flotar es parte de ser. Donde uno no ve, uno siente. Quiero mis palabras de vuelta. Quiero una imagen y quiero las mil palabras que la acompañan.

Iré a dormir bajo mi atrapa-sueños rojo, a soñar con más palabras que llenen algún día las hojas en blanco que sobreviven en mi cuaderno verde. Quizá despierte y descubra que todo ha sido un mal sueño, las palabras llenan el cuaderno verde y las imágenes son solo una opción y no mi todo.

La muerte es el instante…

octubre 30, 2011 Deja un comentario

Flores rojas, amarillas… blancas

octubre 26, 2011 Deja un comentario

Tengo listo, como cada viernes, un vestido blanco con una cinta de color. He pedido a Madre que me cepille cien veces el cabello oscuro que cae largo sobre mi espalda, para después atarlo con una cinta de color a juego. Los zapatos los he lustrado con cuidado y ahora esperan junto a la puerta. Hoy es viernes y cada minuto cuenta. Hace rato que el sol ha pasado por el cénit pero el cielo aún no se pinta de colores. Ha estado lloviendo, la humedad se queda flotando cuando el sol va bajando; a veces, se puede ver gente que en realidad no está ahí. A Madre no le gusta. Ni los espíritus, ni que yo los vea. Esos días no me deja salir, pero hoy es viernes y no me quedaré escondida entre estas cuatro paredes. Mientras espero, el canto de la abuela me distrae y voy contando los mosaicos del piso, los pasos hasta la puerta, hasta la reja de la entrada. Me gusta escuchar cantar a la abuela. A veces, Madre la acompaña, pero como le recuerda al piano que ya no tiene prefiere mejor hacer de cuenta que no escucha nada.

Ha llegado la hora, el cielo se pinta de colores. Vestido, cintas de colores y zapatos recién lustrados. Paso la puerta y voy hacia la entrada. Abro una de las rejas y espero paciente. Es viernes, no tardarás. Nunca has faltado. Algunas personas pasan, señores con la mirada al frente, demostrando importancia. Las señoras caminan juntas, como dándose ánimos. Claveles rojos y pequeñas flores amarillas. Nunca recuerdo el nombre de las flores. ¿Qué hay en un nombre? Entonces, te veo, a lo lejos. Caminas despacio, bajando la vista, no pareces un hombre importante. Tal vez sea eso lo que me agrada de tí, además de tus ojos, claro. Tus pasos se acercan y yo siento que me desmayo. ¿Es que de pronto el aire se quedó sin oxígeno? Ni clavel rojo, ni flores amarillas. Diez hermosas flores blancas. Madre estará muy enojada porque no logro recordar el nombre de esas flores, me dirá, ¡Es un detalle importante! Cada vez estás más cerca, me embarga demasiada emoción, como si no te viera cada viernes. Unos pasos… aquí estás. Te detienes y miras de frente mi hogar. Te sonrío y una lágrima delatora se desliza por mi rostro. No son diez flores, son once. Separas una del resto y la enredas entre los delicados adornos de la reja. Miro esperanzada tu rostro, tus ojos, pero no me ves. Miras de nuevo hacia la casa, tal vez me buscas, tal vez me dices adiós. Retomas tu camino hacia la tumba de tu madre. Como cada viernes de los últimos diez años. Diez flores blancas, hoy es un día especial.

Tal vez, un viernes de humedad, cuando el sol esté bajando, logres verme de nuevo, como aquél primer viernes hace ya tantos ayeres. Yo no he cambiado, pero mi hogar luce algo desmejorado. Las rejas se oxidan, las paredes se descascaran y las enredaderas nos invaden. Nos han olvidado, a la abuela, a Madre y a mí. Madre ha llorado por su piano, la abuela ha cantado sus canciones y yo he aprendido a ser paciente. A esperar. Estos últimos diez años te he esperado a tí. Desde aquél momento que tus ojos y los míos se cruzaron en la nada en un instante eterno. No recuerdo el dolor, no recuerdo haber dejado de vivir. Quizá haya sido como nacer ¿quién se acuerda alguna vez de haber nacido? El tiempo no es tiempo ya, excepto los viernes, cuando vuelvo a esperar que el cielo se pinte de colores y que el más allá se diluya entre tus pasos y tus flores blancas.

Mausoleo

Y te han olvidado

octubre 21, 2011 3 comentarios

Carta a un rockstar

agosto 2, 2010 2 comentarios

Ayer me armé de valor infantil y le escribí un mensaje a un rockstar. No es que sea difícil, ahora todos tienen diversos medios de comunicación para que un ser normal (¿normal?) como yo les transmita unas cuantas palabras a la espera que las lea y si tenemos suerte, nos devuelva el comentario. Pero volviendo a mi mensaje, este no era un mensaje como los otros. Fue un mensaje de reclamo, de sueños frustrados, incluso un poco desesperado.

Y es que el rockstar destinatario de tan singular mensaje, es un rockstar no vivo. Muerto para los iletrados. Desde ya hace varias décadas. Dejó el mundo de los vivos pero no el mundo del rock. Este aún le recuerda, y lo que es peor, aún le genera ganancias.

¿Y cómo se envía un mensaje al más allá? Al lugar donde los casi dioses van a librarse de todos los excesos… al lugar que las niñas buenas tenemos vedado.

Mi mensaje estaba listo.

Cuando él se fue yo aún era niña… ¡qué descaro! ¿No se imaginó que yo tal vez lo necesitara? Algunas palabras de fanática obsesión, al final yo soy una chica normal y él un rockstar. Me he permitido amarle insanamente un poco, pegar su fotografía en cada uno de mis cuadernos y en la puerta del clóset. Recito sus canciones menos alegres en los días de lluvia y las más ruidosas las noches de luna llena.

Pero ahora estoy desesperada. Mi mensaje sigue listo.

Pensé en soltarlo junto con un globo para que se fuera al más allá. Pensé en ponerlo sobre una balsa y lanzarlo al mar. Pensé en prenderle fuego y que el humo lleve mis palabras y se confundan con la eternidad.

Ayer escribí un mensaje a un rockstar y hoy ya no sé que hacer con él. De reclamo en reclamo, de obsesión en obsesión, este mensaje desesperado no llegará a su destino final.

Si alguien supiera alguna vez cómo debo hacer, para que este mensaje le llegue donde quiera que esté, que se arme de valor infantil, y le diga que me busque en el final, donde dobla el viento, donde se acaba el mar, donde van las niñas buenas cuando ya no quieren continuar.

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